Y es justo, pues en la indigencia yo soy el primero
dispuesto a afrentarme a mi mismo.
Dostoyevski
En
el siguiente ensayo, producto inobjetable de la lectura de autores como
Nietzshe, Pascal, Montaigne, Rusell y Fromm sin desconocer algunos
literatos como Dostoyesvki y Hesse, establezco -eclecticamente- un
escueto panorama acerca de la influencia de la ética en la conducta
humana; sin desconocer el sistema sociológico en el que está inmerso el
hombre, su procedencia casi divina -según la iglesia- y su realidad, tan
fragmentada y dispersa como pedazos de un mismo espejo.
Son
muchas las preguntas que empiezan a surgir cuando nos contemplamos así:
simples mortales en constante evolución. Creo sin embargo, que la raíz
de tal desencuentro, puede por demás hallar sustento sí y solo sí,
-valga aquí la bicondicional cómo el eterno dilema dual que nos acompaña
y que obedece a la razón y al instinto- La respuesta al suguiente
interrogante satisface de alguna manera la curiosidad inherente a
nuestra perenne condición de ignorantes.
¿Encuentra
el hombre en la ética la real dimensión del bien y el mal, sin
delimitar su actuar cotidiano, sin llevarlo a través del sendero del
sufrimiento y el dolor , sin exacervar ni menospreciar su condición
himana o incluso sin menoscabar su amada, y a lavez temida libertad?
No
entraré a definir "bueno y malo" por hallarlo irrelevante para el
texto, sin embargo al probabilidad de que ambos conceptos existan -y
existen- en cada ser humano, los determinan inciertamente infinitos;
tanto conceptos hay como universos de ideas múltiples en cada uno de los
seres racionales que habitamos en el planeta. La cuestión es que la
misma sociedad ha hecho trascender dicha concepción al punto de llevarla
a un campo semántico indeterminado y relativo.
Luego
de dos guerras mundiales y de diversas contradicciones y conflictos
políticos e ideológicos ha aparecido un elemento antes inadvertido: La
descomposición social. Freud explicó unas fuerzas irracionales que el
hombre no dominaba ni podía explicar racionalmente y que aparecían en el
subconciente generando una nueva escuela en psicología, que buscaba
comprender al hombre desde su irracionalidad: el Psicoanálisis. Ahora
bien, apelando a lo anterior, la filosofía contemponánea plantea
explicaciopnes desde elementos no tan racionales como la intuición y el
inconciente. Una vez contextualizado lo anterior me atrevo, pues, desde
la mera observación y reflexión empírica (un poco de intuición) pasando
por lo que denomino pragmatismo social (esto es, el individuo visto
desde el ejercicio natural del ser vivo en constante interacción con
otros individuos en igual condición) a hacer los siguientes postulados:
a. Lo malo no es más que un acto en perjuicio de otro:
Existimos
en un mundo conflictivo, caótico, diverso y ahora, globalizado. Y de la
misma forma transcurre nuestra vida; nuestras necesidades son y no son
la de otros, es decir, compartimos metas, sueños, frustraciones, aire,
espacio, emociones, comportamientos, en fin. Este hecho conlleva en la
mayoría de las veces a que nuestras necesidades se hallen yuxtapuestas
frente a las necesidades de otro ser y otro y otro; cada quien pugna por
avanzar. Digamos por ejemplo que "X" debe dar de comer a sus dos hijos,
no tiene trabajo ni un compañero en quien apoyarse. Va por la calle y
ve la oportunidad de tomar uno de los relojes de una vitrina para
intercambiarlo por comida y lo hace. La necesidad de este ser se halla
frente a la necesidad de "Y" de vender el reloj para llevar la comida a
sus hijos. "X" ha sido buena con sus hijos, a ella eso es todo lo que le
importa.
Desde
que el hombre empieza a agruparse, surge la imperativa necesidad de
establecer ciertas condiciones para permitir una convivencia sana, la
razón aún no había sido contaminada pues nunca las condiciones limitaron
cualquier acto humano. La religión cristiana es, sin embargo, una de
las instituciones que más ha contaminado la razón, pues pretende que el
ser humano busque la perfección y la santidad por medio de sus actos. Y
lo ha logrado. Culpa, arrepentimiento, contrición, son unos de sus más
conocidos términos en los que se sustenta la justicia divina y por medio
de los cuales el hombre debe redimir su imperfección. Pero no quiero
centrar el debate en esto, sino en los diversos mecanismos que pretenden
calificar los actos humanos. La justicia, incluso, trata de hacer lo
mismo desde el colectivo humano, de una forma más general y efectiva
-señalando desde las mismas leyes humanas de castigar al "malo"
ignorando que las condiciones en las que se encuentra el ser humano no
son propiamente las más adecuadas y en este sentido actúa según lo
indique su instinto (cabe aquí la definición de Montaigne: "el hombre,
en su todo y en sus partes es siempre mixtura y abigarramiento"2)- El
instinto es primario, lo primario lo hallamos en los animales, por lo
tanto el hombre es un animal, premisa que es cierta.
La
libertad es inherente al hombre, éste debe hacer lo que debe y nada
más, sin más sometimiento que el de su propia razón. ¿Hacia que extremo
de la calle debo dirigirme? El que clasificó "lo malo" tuvo miedo de esa
libertad.
b. Lo bueno es la libertad guiada por la razón:
"...
lo que ocurre es que el medio corrompe, y nada más. Es su frase
preferida. De ahí la conclusión directa de que si la sociedad se
estructura normalmente, desaparecerán de golpe y porrazo los crímenes,
pues no habrá contra qué protestar, y en un satiamén todos los hombres
se volverán honestos"3. Sin lugar a dudas, la diversidad conductual del
hombre esta sujeta por las normas, leyes y reglas que constantemente
rigen, señalan y califican. Si desde el principio los instintos fuesen
reconocidos como esencia humana, y se permitiese que el hombre no se
negase a ellos sino que los reconociese como suyos y a la vez tomara
conciencia de ellos, éstos quedarían sujetos a la razón y en adelante
sus actos serían razonablemente instintivos, es decir, no contravendrían
en absoluto los intereses colectivos y más aún irían en provecho de
todos y de él mismo. Las circunstancias que prevalecen en un acto
razonable atienden siempre a lo que se debe hacer sin ningún atenuante
que desdiga en sí de lo que es la libertad. Desde luego que dicho estado
libertario es desinteresado y por lo tanto está exento de orgullo y
vanidad porque el orgullo según afirma Pascal: "contrapesa todas las
miserias. O las oculta, o si las descubre, se vanagloria de conocerlas"4
y la vanidad "está tan anclada en el corazón del hombre que un soldado,
un guapo, un cocinero, un faquín se alaban y quieren tener
admiradores"5. La libertad no es más que un acto natural, sencillo y
permanente. Su ejercicio no es casual, es resultado del infinito fluido
universal que evoluciona y se mantiene y se evidencia en todas y cada
uno de los elementos de la Naturaleza y es su oficio superarse,
evolucionar, y desde su propio "yo" entenderse y entender, no desde la
historia sino desde la contemplación, desde la concupiscencia eterna de
la esencia y la materia.
La Naturaleza hace lo que debe hacer teniendo en cuenta todas las posibilidades que pueden ser millones, el hombre desde la lógica puede solamente contemplar tres. ¿Hacia qué extremo de la calle debo dirigirme? El que clasificó "lo bueno" escogió un sentido.
No puedo concluir este ensayo sin la conjunción de los anteriores postulados, al menos, asegurando que el ideal de una ética es considerarla como el vademécum vivo de la libertad. Primero, porque el hombre existe, y esa existencia connota de vida todo lo que en él influye y segundo, porque las conductas humanas van más allá de los prejuicios, éstas son propiamente innatas a cada ser humano y cambiar eso es pretender hacer girar el sol en sentido contrario. "El alma viva requiere vida, el alma viva no se somete a la mecánica, el alma viva es sospechosa, el alma viva es retrógrada"6. Finalmente y de acuerdo a lo expuesto anteriormente hallo entre todas las posibilidades una respuesta sencilla y por demás honesta: ¿Hacia qué extremo de la calle debo dirigirme? Que importa el extremo, estoy aquí en medio de la calle, desde dónde lo contemplo todo, desde donde todo me es más naturalmente inalterable.
La Naturaleza hace lo que debe hacer teniendo en cuenta todas las posibilidades que pueden ser millones, el hombre desde la lógica puede solamente contemplar tres. ¿Hacia qué extremo de la calle debo dirigirme? El que clasificó "lo bueno" escogió un sentido.
No puedo concluir este ensayo sin la conjunción de los anteriores postulados, al menos, asegurando que el ideal de una ética es considerarla como el vademécum vivo de la libertad. Primero, porque el hombre existe, y esa existencia connota de vida todo lo que en él influye y segundo, porque las conductas humanas van más allá de los prejuicios, éstas son propiamente innatas a cada ser humano y cambiar eso es pretender hacer girar el sol en sentido contrario. "El alma viva requiere vida, el alma viva no se somete a la mecánica, el alma viva es sospechosa, el alma viva es retrógrada"6. Finalmente y de acuerdo a lo expuesto anteriormente hallo entre todas las posibilidades una respuesta sencilla y por demás honesta: ¿Hacia qué extremo de la calle debo dirigirme? Que importa el extremo, estoy aquí en medio de la calle, desde dónde lo contemplo todo, desde donde todo me es más naturalmente inalterable.
Hernán Mallama Roux.
Ocurrencias de un Pedabobo
Pedagolandia
2005
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